English English Français Français Deutsch Deutsch Russki Português Русский Русский

ULPGC

Virgilio Moya

No es fácil escribir sobre un amigo que se ha marchado, y mucho menos sobre un intelectual de la talla de Virgilio Moya; pero tras muchos años de trabajo en común, es de justicia dedicar un espacio a su recuerdo.

Cuando aquella mañana de febrero nos llegó la noticia de lo que le había sucedido a nuestro compañero Virgilio, sentimos confusión, incredulidad, enfado, tristeza y, finalmente, tras cierto tiempo, aceptación, aunque nunca olvido. Por ello, sus compañeras de despacho, de discusiones políticas y profesionales, de sabores y sinsabores académicos, miembros del grupo de investigación al que perteneció, decidimos dedicarle un espacio en nuestra página web, como merecido homenaje.

Todos y cada uno de nosotros guardamos múltiples recuerdos, imágenes y anécdotas personales de nuestro compañero y amigo. Pero, ahora que no está entre nosotros, debemos seguir ofreciéndole, con más razón, nuestros pensamientos y reflexiones profesionales, debemos seguir regando y abonando la “semilla” que plantó y cuyos frutos se recogerán, con toda seguridad, durante mucho tiempo. Me refiero al  amor por su profesión, como docente e investigador y como traductor.

Como responsable del grupo de investigación al que perteneció, puedo decir que fue un honor tener a Virgilio Moya entre sus miembros.

En él no destacaba únicamente su capacidad docente e investigadora. Nos abrumaba con su vasta cultura, sus conocimientos, sus lecturas, sus numerosas citas de los clásicos; su sentido de la honestidad y de la nobleza tan castellana, de la que presumía; su profunda  religiosidad y conocimientos bíblicos, tantas veces reflejados en sus escritos…; y qué decir de sus comentarios futbolísticos, algunos de cuyos ejemplos hizo aparecer en varios de sus artículos.

Resultado de todas sus capacidades fue también su último trabajo: un  diccionario de léxico y referentes culturales, ilustrados con breves textos de prensa, su gran afición, y del que he llevado a cabo la revisión y el prólogo, lo que me supone un verdadero honor, aunque, asimismo, una enorme responsabilidad. Esperemos  estar a su altura. Igual que ocurrió con sus obras anteriores, no nos cabe duda de que será un gran éxito editorial cuando salga a la luz.

Aunque éste es un homenaje académico, no puedo evitar comentar algo personal. Por muchos conocimientos, por muy amplia que fuera su cultura, por mucho que lo admiráramos desde el punto de vista profesional, fue bastante más importante el afecto que sentía por sus compañeras. Tal vez por ello su ausencia se nos hace dura y, muchas veces, incierta. Puede pensarse que mis palabras son fruto del exceso, de ese amor de compañera y amiga, pero reflejan objetivamente nuestra gran admiración y el reconocimiento de un académico, de un intelectual, de un gran humanista, de un universitario de los de antes y de los de siempre. 

Continuamente en el recuerdo, Virgilio.

Isabel Pascua Febles, coordinadora del G.I.